jueves, 20 de octubre de 2016

Thelma and Louise



Prólogo por Kira Schroeder Leiva


Definición:
Outlaw:  Esta palabra “outlaw” podríamos traducirla como fuera de la ley, y podríamos apodarla mujer.
Lacan dice algo parecido: “no-toda contenida en el goce fálico”, o no toda regulada por el significante, la posición mujer tendría acceso a un goce Otro.
Definición de goce Otro según  Helí Morales:
“La falta atañe a lo simbólico. El inconsciente es algo que falta. Falta un significante, una palabra, un recuerdo; falta el falo. El falo opera como significante de la falta. Pero aquí hay un matiz: existe un no-todo que incluye el orden simbólico. Parece que hubiese algo más allá de la falta en lo simbólico, algo más allá del significante falo. El lenguaje no lo dice ni lo puede todo. El lenguaje no puede decir al goce, el goce es lo inter-dicto porque araña lo real. Lo real es inabarcable por lo simbólico porque no puede ser demostrado por sus redes. Por ejemplo, tampoco puede enteramente definir la posición mujer. Ése es el punto. Aquí la propuesta: este no-saber que funciona en el no-todo se especifica porque existe una modalidad de goce Otro, un goce que está más allá y fuera de lo simbólico u, por ello, lo desarticula, lo descompleta, lo arroja a un no-todo. Un goce más allá del falo. Este goce Otro tiene que ver con  la posición mujer de los seres hablantes. Ese goce del lado de las mujeres abre al orden simbólico para mostrarlo incompleto y fallido.”[i]
La humanidad liderada por los hombres, pero con la complicidad de muchas mujeres, ha intentado gobernar eso que escapa en cada mujer al ordenamiento fálico. Una forma de gozar que no es aprehensible por el significante, genera temor, envidia, pérdida de control, y de vez en cuando arrebato creativo, como en algunos poetas y artistas.
En el intento de gobernar eso goce Otro se las ha nombrado de diferentes formas, como posesa, bruja, histérica, y se han creado dispositivos específicos para domeñarlas como monja o esposa y los respectivos adjetivos para las inconformes: puta y solterona.
Definición:
Inconformidad: alegría que nace del resistir. [ii]
También están las mujeres no-todas inscritas en la ley pensada como la moral de una época, no-toda conforme a la oferta que le hace el patriarcado.
Themal y Louise son mujeres que resisten, mujeres deseantes, mujeres gozantes o mujeres en fuga:
Definición:
Fuga: (1) deseo, (2) potencia que perdura huyendo de las formas[iii] 
Huyendo de las formas, las mujeres dejan a los que quedan atrás con la inquietante pregunta: ¿Entonces qué quiere?
La película que veremos es una escritura en términos fálicos, es un western subvertido.
Western:  Género del cine que escenifica “la conquista de regiones salvajes y la subordinación de la naturaleza en nombre de la civilización o la confiscación de los derechos territoriales de los habitantes originales, nativos, de la frontera.” Este género se caracteriza además por una resolución personal de la justicia, ahí donde la ley abstracta de las cortes no alcanzan. Dicha resolución se da a través de duelos y se define a balazos. Los Westerns proponen en su narrativa una aprendizaje moral como objetivo último de la historia.
En Thelma and Louise, el territorio salvaje a conquistar son las mujeres, y la ley es una ley sostenida y representada por hombres que intentan poner al orden aquello que les escapa.  
En la historia de las mujeres, de cada mujer, los intentos de gobierno pueden ir desde un sutil y hermoso poema que intenta atrapar algo de eso de las mujeres que se rehúsa a ser dicho, hasta la violencia sexual como intento de dominio, y entre estas dos todas las posibilidades en el medio. 
Las mujeres también, se hacen pregunta por su ser, por su siempre contradictorias tendencias a la lealtad y desafío a ese gran Otro en su forma patriarcal, y son a veces cómplices de esas sutiles y violentas empresas de conquista.
Varios momentos clave en la película marcan el siguiente movimiento: dos mujeres, el quebranto de la ley del hombre, la huida, luego la carcajada. Parecen gozar de haber accedido a un lugar nuevo para ellas, pero sobre todo  incomprendido en la cartografía dibujada por esos hombres que las persiguen.
Estos movimientos que repiten van subvirtiendo el “western” y transformando a las protagonistas. Recordemos que las mujeres en los western están sobre todo presentes en las cantinas de los pueblos como prostitutas. Justamente la degradación que opera en la estética y actitud de estas dos mujeres parece que se convierten ellas mismas en el “wild, wild west”, el salvaje oeste, cada vez más imposibles de domeñar.
La película subvierte la moraleja del western también, en tanto propone unas mujeres que se desamarran de las leyes del Otro en un salto jubiloso, bajo sus propias reglas, reinscribiendo sus nombres.
Definición:
Thelma y Louise: alegre e intempestivo camino hacia el afuera de la ley.
Definición:
Mujeres: aquellas que crean más acá y más allá del falo, tan presentes como inatrapables, potencia de la alegría en la inconformidad, belleza que resiste a las formas.
No puedo terminar éste prólogo sin una oda a la amistad, para mi el vínculo social que provee a cada ser humano el mayor aporte y soporte a sus luchas.
Definición:
Amigas: (a) la relación humana con mayor potencial para combinar la resistencia y el disfrute, (b) tejido social hecho de solidaridad y complicidad.




[i] Morales, Helí. (2011) Otra historia de la sexualidad: Ensayos psicoanalíticos. Ediciones de la Noche. México D.F.
[ii] Percia, Marcelo. (2011) Inconformidad arte política psicoanálisis. Ediciones de la Cebra. Argentina.
[iii] Ídem.

martes, 2 de agosto de 2016

"NADIE TE OYE...PERFUME DE VIOLETAS" Dir. Maryse Sistach (México) 2001


Prólogo: William Buckley

Despojados.

Que la vida no tiene sentido, que la vida no tiene propósito, más que aquel que le damos. Quizá es cierto. Es por ello que un asidero -o muchos de ellos-  para no derivar al infinito del desdén y la desidia es imperativo. Esto en todo tiempo del ciclo vital, siendo ciertos tiempo de pasaje, sobre todo la adolescencia uno de los más relevantes, más los adultos no escapamos a tan imperiosa necesidad.  

Encontrar a un alguien o a unos otros, semejantes al fin. Amor, compañía, comprensión, atención, partes  que suman la contención propia de un abrazo. Se incluye al cuerpo en un lazo y red que salvaguarden su integridad, un sentido de pertenencia y seguridad.

Pero, ¿qué pasa cuando es todo un grupo social el que es despejado de dichos asideros? Tenemos sujetos a la deriva, desligados de coordenadas simbólicas que los sitúen en un campo de deseo posible, que vaya más allá del individualismo de la satisfacción inmediata, a veces, ir más allá de la mera sobrevivencia, esa sobrevivencia cruda que se arropa en una perversión con tal de conservar un lugar, sin importar si en el camino el otro se torna un desecho. 

Ante tal situación se antoja mejor la palabra “desposeídos”. La palabra como tal remite a varios imaginarios: aquellos que no tienen o carecen de algo, y principalmente aquellos que son arrancados de algo que les pertenece, esto por la vía del poder. Un poder que hace usufructo de aquello que des-posee al otro, ya sea en aras de control, invisibilización e inclusive su exterminación. 

Si hablamos de poder hablamos de lo jurídico, de aquello que establece una legalidad o no de las cosas, un supuesto orden. Sólo que este orden se puede tornar en una orden. Una, en femenino del género, es decir, desde el mandato vigoroso ejercido con poder, aplastando con todo el peso de la legalidad al más débil, al excluido, al sometido, el desplazado, confluyendo todos en el enorme grupo de las mujeres. 

¿Cuál ha sido el gran artificio del Otro del poder para someterlas? Justamente desposeerlas de su condición de sujeto, en tanto equidad en función al hombre, señalarlas en una diferencia negativizada, y marginarlas hasta el punto de lo invisible. Regular y gobernar su cuerpo desde el más feroz ejercicio del biopoder, aunque esta situación precede en siglos a Foucault. 

¿Dónde queda entonces un otro sin cuerpo? Errante, sin un alojamiento, a merced de la voluntad de un amo. 

La violencia más sistematizada sobre la mujer ha venido desde el discurso, el cual, ha restringido el acceso a lugares que facilitarían espacios equitativos y seguros, como el acceso a la educación y el control sobre su salud reproductiva. Es el discurso el legitima el golpeteo desgastante, que erosiona el cuerpo al roce constante de la indiferencia, el menosprecio y la descalificación. ¿Se justificaría tomar a la fuerza lo que me es negado?

Es difícil escuchar a quien no se le da voz. Es una sensación como de que “nadie de te oye”. Lo que no se escucha insiste, muchas veces, hasta la tragedia en ocasiones.

A veces, no es más que a través de algo tan etéreo como un aroma, frente a la imposibilidad de lo concreto de un cuerpo, que se lanza la red al otro, red de salvación, ancla al mundo, lugar al deseo, aún así sea para ser otro u otra, tan sólo por un momento.


martes, 9 de febrero de 2016

Isadora, Karel Reisz


Isadora, busca su destino
Prólogo: Etty Kaufmann
Noviembre - 2015

Recuerdo la primera vez que leí sobre Isadora. Fue a la edad de 12 años. Me habían dejado una tarea sobre el diptongo y tuve que buscar en la enciclopedia Salvat. Entre las hojas de ese Wikipedia de antaño, mis ojos se toparon con su foto. El diptongo podía esperar. Ahí estaba Isadora Duncan, una mujer revolucionaria, que rompió el esquema rígido del arte de bailar con otros y propuso bailar sola.

“No me doblegaré a nada que no sea arte… pues el arte es belleza”, sentencia. Y como sello a esta consigna, quema el acta de matrimonio de sus padres. ¿Cómo no iba a hacerlo? Su padre les había dejado para salir huyendo por actos ilícitos. Entonces Isadora apuesta por la belleza del baile y se aleja de la tensión de este pasado de abandono.

Es que acaso el baile, su creación artística le permitía  ¿elidir el sufrimiento? ¿Ponerlo en pausa? O ¿producir un objeto otro?

La psicoanalista Margarita Gasque cita al autor español Vila-Matas. Este cuenta acerca de unos grafiti anónimos que empiezan a aparecer en los muros de una ciudad marroquí. La incógnita de estos mensajes se descubre pronto: el autor de estos había sido un campesino que había emigrado a la ciudad y se perdía con frecuencia, no lograba ubicarse. Así que los grafiti representan una suerte de guía de orientación para el nuevo poblador, cual hilo de Ariadna pilotando a Teseo (Gasque, 1996: 106).

Estos hilos o trazos se convierten en rasgos que imprimen y que a la vez crean un relato nuevo dejando huellas del rastro anterior, cual palimpsesto. Podría decirse que en el arte, “la envoltura deja de ser el accesorio desechable del objeto transportado, para convertirse él mismo en objeto; accede así al lugar de algo precioso” (Ibid.: 109). Pero nunca lo llena todo, por ello el sujeto se sigue produciendo en el quehacer de una obra, y de la siguiente.

También Agamben se mete en el tema del arte. Cita a Kafka para desde ahí hacer una propuesta. Kafka se imagina: “un grupo de viajeros de un tren que han sufrido un accidente en un túnel, en un punto desde donde ya no se ve la luz de la entrada y, en cuanto a la de la salida, aparece tan pequeña que la mirada tiene que buscarla continuamente, y continuamente perderla, y mientras tanto ni siquiera están seguros de si se trata del principio o del final del túnel”. Esto le hace pensar a Giorgio Agamben la permanente tensión que existe entre pasado y futuro que se actúa en el arte y que se presenta como algo en permanente movimiento (2005: 181,182). Desde el movimiento produce y construye nuevos significados.

La metáfora de Kafka o los grafittis de Marruecos, nos permiten hablar de un real que genera el arte como borde virtual y desde ahí como acto creador, como señal, como ubicación, como lugar simbólico de encuentro con el otro. Elisión y creación, se mueven en el vaivén del arte.

En Isadora esta tensión también se hace movilidad y se renueva en cada creación. Desde ahí sentencia: “que el pasado se cuide de sí mismo”, porque ella, lo va cubriendo con sus movimientos y lo deja salir pero convertido en belleza. Isadora se inventa y al hacerlo lo hace con el arte de la danza y la transforma al transformarse. Paradoja sempiterna de la creación.

Gracias Isadora!
CINE Y PSICOANALISIS – CICLO XX

MUJERES

Febrero  11 :  “CARTAS DE PARIS “ Dir. : Julie Bertucelli / Georgia (2003)    

Marzo 10  :   “ANNIE HALL” Dir : Woody Allen  / USA  (1977)   

Abril 14  :    “KATALIN VARGA “ Dir ; Peter Strickland / Rumanía (2009)  

Mayo   12 :    “NADIE TE OYE …PERFUME DE VIOLETAS “ Dir : Maryse Sistach  / Mexico  
                            ( 2001)     

Junio 9   :  “ HUNGRY HEARTS “  Dir : Saverio Costanzo / Italia (2014)   

Julio 14  :   “ALL ABOUT EVE”      Dir : Joseph L. Mankiewicz / USA  (1950)  

Agosto 11 :  “SONATA DE OTOÑO “ Dir  : Ingmar Bergman / Suecia  (1978 ) 

Septiembre 1 : “THE PATIENCE STONE “  Dir : Atiq Rahimi /Afganistan (2012)   

Octubre 13   :   “MARIA “ Dir : Calin Peter Netzer /Francia-Rumanía ( 2003)   

Noviembre 10 :   “ EL PIANO “ Dir :  Jane Campion / Nva. Zelanda-Australia ( 1993)  


Diciembre  8  :  “THELMA &  LOUISE” Dir. : Ridley Scott / USA – Francia  (1991)    

martes, 1 de diciembre de 2015

The Rose de Mark Rydell


Prólogo: Isabel Garbanzo

El  síntoma “habla”, posibilita poner de relieve una verdad que es singular y fundante para cada sujeto, es esa verdad la  que el síntoma vela y revela constantemente. Esta verdad en tanto “palabra amordazada, que no llega a decirse en si misma, pero si puesta en acto evidenciando un saber reprimido que da cuenta de eso que “no anda,” del sufrimiento del que no quiere saberse nada. Rosa sólo sabe cantar, subir al escenario donde monta y recrea una y otra vez una escena de la que no puede apropiarse, para ella, verdad imposible de cuestionar.  Su intento narcisista de “sanar” heridas del pasado, la llevan a lo letal del encuentro con lo Real.

Cuando la demanda de goce se ejerce sobre estructuras en las cuales la función paterna no fracasó definitivamente, pero no terminó de constituirse, nos encontramos con lo que habitualmente llamamos comportamientos "locos": actings outs, pasajes al acto, manifestaciones psicosomáticas, adicciones, etc, etc. Padeceres que ubicamos como "patologías de borde", por la imposibilidad de constituir un borde, un límite a un goce que siempre amenaza con una invasión devastadora.

En  Rosa, hay una imposibilidad de poner distancia a un pasado que la consume y con el cual pelea imaginariamente, lejos de poder ubicarse en un lugar simbólico, de reconocimiento, hace todo lo contrario y confirma su lugar de “mierda, “necesito algo nuevo…esto es una mierda de vida, no tengo un tío que me eche un polvo”  “estoy muerta”. Paradójicamente, escandalizada por una escena donde lo que sobraron fueron “tíos que se echaron un polvo con ella” y lo que parecía ser la constante era no sentirse valorada como mujer, y ser una cantante famosa hace ilusión de tapar todo cuando no es capaz de simbolizar.

Intento de borrarse, sedarse frente al dolor de su existir recurriendo al uso de drogas,  en donde queda capturada. “El verdadero tóxico no es la droga, sino más bien un exceso que coloca el cuerpo “bajo influencia”. Freud plantearía que esto tiene que ver con lo sexual” (1996: 512). Lo que estaría en juego al drogarse es un intento de autoconservación frente a lo excesivo que no tenía palabras. Es siempre un intento de dominio sobre el cuerpo, que en general les es ajeno y enigmático; es un intento de suplir la falencia de un Otro garante de la funcionalidad de ese cuerpo y de esa mente.

La  adicción es lo que la sostiene frente algo insoportable de su propia existencia. La práctica adictiva es pensable como una operación y un montaje, inscritos en la dimensión del actuar en el registro de lo real. El montaje adictivo reemplaza al síntoma y  tiene como función otorgar una estabilidad -siempre relativa- cuando no se cuenta con la eficacia del síntoma. “Una existencia tóxica es una vida contaminada, una forma de vivir que para sostenerse necesita nutrirse de aquello mismo que la destruye y necesariamente por eso, porque no puede renunciar a lo que la daña,  la existencia al ser tóxica es suicida” (Kalina, 1985:161)

El endeble yo de Rose necesita hacer un repliegue narcisista muy primitivo, donde “el yo representa bien esa superficie modelada con amor que se elabora entre otras cosas como objeto de la satisfacción de otro, y que no puede significar su existencia en su propio terreno”(1996:512). Rose se sostiene en la paradoja de inflarse  narcisisticamente expropiandose de sí misma. Siendo un puro objeto de goce. Cantar, que podría haber sido una salida simbólica, se convierte en pantalla imaginaria que no le basta para suplir, para resignificar su lugar degradado, que termina invadiendo toda su existencia.

Anclada en esa escena que la “escandaliza y objetiviza” y  que como tal la marcó, que revive aún con más carga por la imposibilidad de reposicionarse, haciendo un pasaje al acto de aquello que la mató en un momento anterior. Rose desea ser reconocida desde otro lugar, pero le es imposible sostenerlo, quiere ser reconocida como “rica y famosa”, pero siempre sustraída, imposibilitada a asumir un lugar otro, es así como dice:   “Te voy a contar una cosa grotesca: una vez en la escuela me emborraché y me tiré a todo el equipo de fútbol. Me desperté en medio del campo.  ¿Te escandalizas?   Toda mi vida he querido volver ahí como una Estrella, escuchar los aplausos de mi gente”. 

Se trata de dar forma y consistencia a un ego que intenta paliar la amenaza de algo insoportable; en un intento de rebelión el sujeto se somete al goce. Qué es lo insoportable y cuál es la defensa ante esa amenaza es lo que va a diferenciar los montajes adictivos.  No por casualidad Rose es una artista, ella puede en el escenario maquillar aquello que la mata por dentro y la soledad interna que no le permite apropiarse de eso que ha logrado construir, su nombre como cantante, narcisizarse desde un lugar otro.

Ese nombre artístico, sirvió de prótesis hasta que tuvo que volver a su pueblo a confrontar su historia y su pasado, lo que había construido que le permitía circular en lo social, montar escenarios, seducir al otro. La prótesis empieza a caerse con la humillación de otro cantante.  

Rose sale a escena, monta escenas, con un gran anhelo de re-conocimiento por parte de aquel lugar de donde vino, pero es atrapada por lo vivido y ese deseo de restregar su éxito en la cara de su gente se le devuelve como puro desecho, revelando la verdad de su ser. 

Ella intenta frenar eso que sin saber sabía, pidiendo una pausa,  vacaciones, pero no es escuchada, se le exige que pueda, que cumpla con su palabra, con su contrato. Ya Rose se sostenía en su adicción al alcohol, pero la situación se agrava, y el desbordamiento es excesivo. La droga estaría del lado del goce suturando la angustia del vacío en su ser.  

La droga promete ese dominio pero obliga al sujeto a no poder descansar en el Otro. No es el hacedor de él mismo, pero tiene que ser su constante vigía y guardián. Confiar en el Otro y mantener la incógnita de nuestro cuerpo implica un reconocimiento de una falta del ser y del tener. Esa falta es lo que permite ocuparse de otra cosa: podemos desear. En  Rose la droga ejerce la función de suplencia de esa carencia narcisista, en la ilusión efímera de una posible  resignificacion “Stay with me Baby” dice que es lo que aprendió a cantar desde que era una cría.  

Frente a la pregunta “¿Qué impresión te hace cantar en tu pueblo?  Ella responde “Me hace ilusión, son mi gente, les conozco, me entienden y yo a ellos”. Una fantasía ilusoria, porque justamente por lo que ellos conocen de ella es que es insoportable estar ahí y sostener un lugar otro, muy frágil además. Muy contradictorio, porque esos otros que le sirven de espejo le devuelven todo aquello que para ella aún sigue siendo insoportable y que intenta ocultar en el escenario. 

Ese devenir que nunca llegó en Rose, ella quería devenir cantante famosa y rica para su pueblo, que esa "prótesis narcisista" funcionara ahí. La droga sirve para apuntalar una "impostura" (estructural) que fracasa. A la vez es la que mitiga el dolor de ese "ya no ser" o "aún no soy". La droga brinda un suplemento imaginario que permite sostener la insignia fálica y un reconocimiento, al precio de congelar el deseo.

Lo insoportable aquí no es la amenaza de la invasión del Otro y el aniquilamiento subjetivo, sino la castración. De ahí que muchas veces el recurso "salvador" precipite a pasajes de "hacerse mierda", "hacerse desecho" o caer en "el dulce placer de no ser nada".  “necesito algo nuevo…esto es una mierda de vida”.

El tóxico aparece también como una promesa de llenar un vacío, de una envoltura cerrada de nada en que se ha transformado el sujeto por su identificación con el objeto perdido, esa representación de los sucesos vividos por Rose, intento continuo de reconstrucción, donde imaginariamente intenta con el regreso a su pueblo reposicionarse en el escenario, ese campo de futbol, el intento de ser amada, querida, reconocida, perdonada, el anhelo de recuperación de eso caído, perdido, o peor aún de eso que tal vez nunca existió.

Rose compra a un chofer que termina siendo su amante e interesándose en ella y valorándola como según ella dice “nunca nadie lo había hecho”, es a ese desconocido a quién le dice “Qué pena que no te conociera cuando estaba en la escuela”. Por primera vez en la vida, parece que alguien se interesa por su bienestar. Él vuelve por ella, para sacarla de ahí donde está, lugar que ella misma llama campo minado. Lo que este hombre no sabe es que nada contra corriente, y en la misma confusión de Rose, ella no puede ser salvada, él no debe defenderla, merece que la traten como una “mierda”. Frente a la propuesta de Houston de ir a algún lugar donde puedan respirar ella le responde “todo lo que sé hacer es cantar.”

Rose hace un recorrido por su pueblo, pasa por la cancha de fútbol en la que fue objeto sexual para todo un equipo, luego se esconde ante la posibilidad de ser vista por sus padres para rematar con la entrada a un supermercado, la tienda de Leonard, con la expectativa de ser reconocida por éste. Para su sorpresa no fue así.  

En su plan de “huida”  se detienen en el lugar donde cantó por primera vez:  “solamente quiero saber si ellos saben quién soy”. Cuando él la defiende y pelea porque la respeten, ella le dice “lo arruinaste” “¿quién crees que eres?” él no es nadie para cambiar su historia, su lugar; ella era ahí la misma que fue, no quién deseaba ser. Cuando le proponen hacer lo mismo que en la escuela ella dice “¡no, no no!” pero ya está todo fuera de control y con eso su posibilidad de salida, se confirma lo temido, se revive una escena con una carga afectiva aún mayor. Paradojicamente, ella quería estar en paz, “ser dejado en paz, sin querer que nada de lo que el Otro quiere de él, gozar sin desear impugnando así al falo y sus pretensiones unificadoras…” (Braunstein 1988:37)

Logra volver al escenario, para devolver a su gente aquello que muy a su pesar ella es o ha sido para el Otro, desecho. En medio de una muchedumbre, está sola, no hay quien la escuche, no hay quien la entienda, ni ella misma se entiende. La operatividad de la droga es buscada allí donde se intenta cerrar los orificios del cuerpo bloqueando la intrusión del Otro, o bien desapareciendo a la mirada de ese Otro, que le grita y le recuerda el:   “llévense de aquí a esa puta.

En una falsa ilusión dice – “es tan bueno volver a casa”, “¿me perdonan por llegar tarde?  Yo les perdono” llegada ya a un  punto en que le ha sido imposible replantearse su relación con el Otro, lograr  no estar anestesiada para lidiar con las contingencias de su vida, tal como lo apunta Luis Dario Salamone en su  texto “El Silencio de las Drogas ”  

"El rechazo del inconsciente siempre remite a una dimensión mortal, porque al entorpecerse el  funcionamiento del mismo, se estanca e impide que el deseo se ponga en juego.

El cuerpo intoxicado implica un repliegue de la libido sobre sí mismo, que conlleva un goce que tiene dos caras: el dolor rechazado retorna, y a la vez busca ser anestesiado por la droga. Al igual que en los casos de hipocondríaca y afecciones orgánicas mencionadas por Freud, esta nueva economía  de goce logra neutralizar por un momento los síntomas neuróticos, pero con un mecanismo similar al de la psicosis: aquello que es rechazado en lo simbólico es capaz de retornar en lo real. Así, con la intoxicación, en un intento por escapar del sufrimiento neurótico, el cuerpo funciona alocadamente. Pero esa locura corporal nos es tanto el precio que se paga por recurrir al tóxico, el goce autoerótico resultado de la ruptura con el Otro no encuentra la forma de metabolizarse, resultando algo primariamente tóxico. La droga viene en segundo lugar, alimentando el circuito, es el combustible  arrojado al fuego de las pulsiones. La problemática central es la sexualidad y el sujeto solo puede hacerle frente narcotizado.

En ese sentido, replantear la relación del sujeto con el Otro y con su goce resulta decisivo para  darle la posibilidad de vivir sin estar anestesiado , de permanecer despierto para resolver las  contingencias que la vida le depara, de elegir habitar un cuerpo que no esté intoxicado" -Luis Darío Salamone  "El cuerpo intoxicado" ( El silencio de las drogas)-